LA LEY DE LA BUENA MENTE Y EL BUEN EQUIPO
Catalina Gómez: Fuerza y Disciplina

LA LEY DE LA BUENA MENTE Y EL BUEN EQUIPO

Para hacer un reto de ultradistancia hay que tener claro a dónde se quiere llegar. Parece una declaración concreta y clara: hay una meta fijada, un recorrido establecido, la técnica aprendida y un plan sólido previamente instaurado.

Sin embargo, para Catalina Gómez además de acatar estas variables que sin duda le dan una base sólida, tener claro a dónde se quiere llegar depende también de lo que se ha construido en la mente y de aquella motivación que se dispara con su frecuencia cardiaca. La misma frecuencia cardiaca que está acondicionando para mantenerse en zona 2 en su propósito de desafiarse durante carreras de ultradistancia, en las que lo más importante es acostumbrar a su corazón a correr a paso cómodo en distancias sobre humanas.

Para lograr esto, Catalina se basa en la disciplina, aquel concepto moldeable a cada persona según sus motivaciones y propósitos, y que para ella es “el reto más grande de todos los días”. Es el gran valor que le da su disciplina y las ganas de compartir el bienestar que obtiene de su estilo de vida, lo que la motiva a exponer constantemente por redes los altibajos de sus entrenamientos, los triunfos y sobre todo los obstáculos para inspirar y demostrar que donde se ponga la cabeza, ahí llega el cuerpo.

NO PARES

Un día, en uno de sus retos más importantes, le dijeron “no pares” y ella no paró. Lleva cuatro años corriendo, cuatro años aplicando ese “no pares” que escuchó y que utiliza no sólo para las carreras sino para su vida en general. Ser madre, empresaria y deportista es maratónico, quién puede discutir eso, así que la resiliencia para terminar una carrera la obtiene no sólo de su resistencia física.

Sus ganas de correr las lleva con ella todo el tiempo. Ese impulso ya intrínseco le ha dado la determinación en su preparación para participar de un recorrido de 160 kilómetros por los cayos de la Florida, el cual espera terminar en menos de veintidós horas. 160 kilómetros seguidos, con un equipo que la alimenta cada 45 minutos, la hidrata con frecuencia, le cambia la ropa cada 21 kilómetros y le da el empuje moral que necesita en cada paso.

Para tener una mejor perspectiva, esta prueba sería algo así como correr 4 maratones seguidas, aplicando ese no pares que interiorizó la primera vez que se enfrentó a un reto de esta magnitud, cuando corrió de seguido de Manizales a Medellín, para rematar la travesía con una maratón completa al día siguiente.

En esa ocasión, Catalina sí que tuvo la oportunidad de aplicar la resiliencia. A mitad de camino cuando sus pies se empezaron a hinchar, ella tenía claro a dónde debía llegar y no estaba dispuesta a ceder ante el dolor. Prefirió correr con compresas de hielo en sus zapatos antes que abandonar el propósito y montarse en un carro; cuando sus pies se empezaron a hinchar prefirió arrastrarlos y controlar el dolor; cuando el dolor la llevó al límite, aplicó la resiliencia construida durante los entrenamientos y se olvidó del cuerpo. “Llega un momento en el que la cabeza lo es todo, es la que te dice hasta dónde puedes llegar, el cuerpo va solo”.

LA LEY DEL BUEN EQUIPO

Así como Catalina carga sus ganas de correr, también carga un buen equipo. Parte de este es aquel equipo humano que la impulsa en los grandes retos y se encarga de su bienestar físico e íntegro durante las carreras. Están su entrenador, su fisioterapeuta, su masajista y su padre, gran pilar y quien es uno de sus guardianes cuando tiene que enfrentar estos retos y quien la ayuda a mantenerse firme en el plano físico, le recuerda cuál es su mantra cuando su mente necesita enfocarse, para que el objetivo no se desvanezca.

El otro equipo es el que se convierte en una extensión de su cuerpo, el que también carga todos los días en el entrenamiento, desde sus zapatos, su ropa deportiva, hasta por supuesto su monitor inteligente Polar. Dice que ya hace parte de ella y como prueba irrefutable, en su muñeca está la marca pálida del reloj sobre su piel cuando se lo quita. Tal como lo define ella, sin su reloj no podría hacer nada: “Todo se desprende de algo tan simple como un reloj, que hasta que tú no lo entiendes y lo aprendes a leer, no te das cuenta de la importancia de él. Y es que es mi equipo, porque realmente sin él no sé cuánto gasté, cuánto debo comer, sin él no sé cómo está funcionando mi corazón”.

De este entrenador portátil que Catalina carga constantemente en su muñeca se desprenden los pilares que la hacen una deportista que practica a cabalidad el ejercicio inteligente. En primera medida destaca cómo su alimentación e hidratación están guiadas por su Polar, al saber cuántas calorías quemó, cuántas tiene que reponer al día y cuándo tiene que hidratarse para no sobreexponerse.

Otro pilar clave para ella y que es guiado por su monitor es el sueño. “El descanso es tan clave como mi entrenamiento, y con mi reloj sé de cuánto tiempo fue mi sueño profundo, cuánto leve y cuánto no.” El reloj Polar no sólo se ha convertido en su entrenador personal en los intensos entrenamientos de madrugada y fondos diarios de 10, 15 o hasta 30 kilómetros. También se ha convertido en su aliado, los progresos y planeación de sus rutinas se proyectan principalmente sabiendo cómo está su corazón y esta información la confía plenamente en la data que le da su Polar y el histórico de sus entrenamientos en el Polar Flow, su centro de comando.

Para Catalina el fundamento de su resiliencia parte precisamente de entenderse desde adentro hacia afuera. Es encontrar en su frecuencia cardiaca la fuerza y voluntad para seguir corriendo y lograr sus objetivos, aquellos que están a más de 100 kilómetros. Los que decidió que iba a lograr siempre, cuando entendió que por nada del mundo, no importa la latitud o distancia, no iba a parar de correr.

“Lo imposible es sólo una ilusión”. Así lo dice con fuerza Catalina, y de esta fuerza y su disciplina se puede aprender a través de su cuenta IG @catago07.